El signo de los cuatro
El signo de los cuatro Aquel inspector que se habÃa quedado en el coche era un hombre muy paciente, porque transcurrió bastante rato antes de que me reuniera con él. Su rostro se ensombreció cuando le mostré la caja vacÃa.
––Adiós a la recompensa ––dijo en tono abatido––. Si no hay dinero, no hay paga. Si el tesoro hubiera estado ahÃ, el trabajo de esta noche nos habrÃa valido a Sam Brown y a mà diez libras por cabeza.
––El señor Thaddeus Sholto es rico ––dije––. Él se ocupará de que sean recompensados, con tesoro o sin él.
Pero el inspector negó con la cabeza en un gesto de desaliento.
––Un mal trabajo ––repitió––. Y lo mismo pensará Athelney Jones.
