El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes En la primavera del año 1897, la férrea constitución de Holmes empezó a mostrar algunos síntomas de estar cediendo al impacto de un trabajo duro y constante, del tipo más agotador, agravado tal vez por sus ocasionales imprudencias particulares. En marzo de aquel año, el doctor Moore Agar, de Harley Street (del que quizá cuente algún día las dramáticas circunstancias en que conoció a Holmes), ordenó terminantemente que el famoso detective privado abandonara todos sus casos y se sometiera a una cura de reposo si quería evitar un derrumbamiento absoluto. Holmes jamás había prestado la más mínima atención a su estado de salud, ya que vivía en una abstracción mental absoluta, pero al final se le pudo convencer, bajo la amenaza de quedar permanentemente incapacitado para trabajar, de que se concediera un cambio completo de aires y de ambiente. Y así, a comienzos de la primavera de aquel año, los dos fuimos a parar a una casita de campo cerca de la bahía de Poldhu, en el extremo más apartado de la península de Cornualles.