El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes En tierra firme, el paisaje era tan tétrico como por el lado que daba al mar. Se trataba de una región de páramos ondulantes, solitaria y de color pardusco, con alguna que otra torre de iglesia que señalaba el emplazamiento de una antiquísima aldea. En aquellos páramos se veían por todas partes huellas de una antigua raza que desapareció para siempre, dejando como único recuerdo extraños monumentos de piedra, montículos irregulares que contenían las cenizas de sus muertos, y curiosas construcciones de tierra que parecían insinuar una contienda prehistórica. El embrujo y el misterio de la región, con su siniestra atmósfera de pueblos olvidados, estimuló la imaginación de mi amigo, que dedicaba gran parte de su tiempo a largas caminatas y solitarias meditaciones por los páramos. También el antiguo idioma de Cornualles había despertado su interés, y recuerdo que se le metió en la cabeza la idea de que estaba emparentado con el caldeo y que derivaba en gran parte del lenguaje de los traficantes de estaño fenicios. Había recibido un cargamento de libros de filología, y ya se disponía a la tarea de desarrollar su tesis cuando, de pronto, con gran consternación por mi parte y un nada disimulado regocijo por la suya, nos encontramos metidos, incluso en aquella región de ensueño, en un embrollo que surgió ante nuestra propia puerta, y que resultó más excitante, más absorbente e infinitamente más misterioso que ninguno de los problemas que nos habían obligado a marcharnos de Londres. Nuestra sencilla vida y nuestra apacible y saludable rutina se vieron interrumpidas violentamente, y nos precipitamos al centro mismo de una serie de acontecimientos que causaron enorme sensación, no sólo en Cornualles, sino en todo el oeste de Inglaterra. Es posible que muchos de mis lectores aún se acuerden de lo que la prensa de la época llamó «El horror de Cornualles», aunque la versión que llegó a la prensa londinense estaba muy desvirtuada. Ahora, después de trece años, me dispongo a ofrecer al público los detalles auténticos de aquel increíble caso.