El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Como la señora Porter ya se habÃa acostado, salà por mi cuenta y cerré la puerta al salir. La ventana de la habitación en la que estaban todos estaba cerrada, pero la persiana no estaba bajada. Esta mañana no advertà ningún cambio ni en la puerta ni en la ventana, ni nada que induzca a pensar que pueda haber entrado un extraño en la casa. Y sin embargo, allà estaban los dos, completamente locos de terror, y Brenda muerta de miedo, con la cabeza colgando sobre el brazo del sillón. Jamás podré borrarme de la cabeza esa escena, por muchos años que viva.
—Tal como usted los expone, los hechos son verdaderamente extraordinarios —dijo Holmes—. Supongo que no tiene usted ninguna teorÃa que pueda explicarlos.
—Es algo diabólico, señor Holmes. ¡Diabólico! —exclamó Mortimer Tregennis—. No es cosa de este mundo. Algo entró en esa habitación que apagó la luz de la razón en sus mentes. ¿Qué invención humana podrÃa hacer una cosa asÃ?
—Me temo que, si el asunto se sale de los lÃmites de lo humano, estará también por encima de mis posibilidades —dijo Holmes—. No obstante, conviene agotar todas las explicaciones naturales antes de inclinarnos hacia esta clase de teorÃas. En cuanto a usted, señor Tregennis, tengo entendido que se encontraba algo distanciado de su familia, dado que ellos vivÃan juntos y usted se alojaba en otra parte.