El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes Nuestras gestiones de aquella primera mañana no hicieron avanzar gran cosa la investigación. Sin embargo, nada más comenzar, fuimos testigos de un incidente que me produjo una impresión de lo más siniestra. Para llegar al lugar de la tragedia había que recorrer un camino rural estrecho y sinuoso. Íbamos por él cuando oímos el traqueteo de un carruaje que venía hacia nosotros, y nos hicimos a un lado para dejarlo pasar. Cuando cruzó ante nosotros pude vislumbrar fugazmente, a través de la ventanilla cerrada, un rostro horriblemente contorsionado que nos miraba haciendo muecas. Aquellos ojos desorbitados y aquellos dientes rechinantes pasaron rápidamente ante nosotros como una visión infernal.
—¡Son mis hermanos! —exclamó Mortimer Tregennis, pálido hasta los mismos labios—. ¡Se los llevan a Helston!
Contemplamos con horror el negro carruaje, que se alejaba bamboleándose. Luego dirigimos nuestros pasos hacia la desventurada casa en la que habían sufrido tan extraña desgracia.