El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —He vivido tanto tiempo entre salvajes, fuera del alcance de la ley, que he llegado a acostumbrarme a imponer mi propia ley —dijo—. HarÃa bien en no olvidarlo, señor Holmes, porque no deseo hacerle ningún daño.
—Tampoco a mà me gustarÃa hacerle daño a usted, doctor Sterndale. Y la mejor prueba de ello es que, sabiendo lo que sé, le he hecho llamar a usted, y no a la policÃa.
Sterndale se sentó emitiendo un jadeo, intimidado seguramente por primera vez en toda su vida de aventuras. HabÃa en los modales de Holmes una tranquila afirmación de poder que resultaba irresistible. Nuestro visitante balbuceó unas excusas, abriendo y cerrando sus manazas muy alterado.
—¿Qué quiere usted decir? —preguntó por fin—. Si esto es un farol, señor Holmes, ha elegido usted un mal sujeto para su experimento. Dejemos de andarnos por las ramas. ¿Qué ha querido decir?
—Voy a explicárselo —dijo Holmes—, y la razón por la que voy a hacerlo es porque espero que corresponda a la franqueza con franqueza. Lo que yo haga a continuación dependerá de cómo se defienda usted.
—¿Defenderme?
—SÃ, señor.
—¿Defenderme de qué?