El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Tal vez podamos aclarar eso antes de despedirnos —dijo Holmes—. Mientras tanto, le quedo muy agradecido por su gentil aceptación. Tendrá que perdonarnos esta recepción tan informal al aire libre, pero mi amigo Watson y yo hemos estado a punto de añadir un nuevo capÃtulo a lo que los periódicos llaman «El horror de Cornualles», y por el momento preferimos una atmósfera despejada. Por otra parte, y dado que las cuestiones que tenemos que discutir le afectan personalmente de un modo muy Ãntimo, quizás sea mejor que hablemos donde nadie pueda escucharnos.
El explorador se sacó el cigarro de la boca y miró muy serio a mi compañero.
—Me gustarÃa saber, señor Holmes —dijo—, de qué tiene usted que hablarme que me afecta personalmente de un modo tan Ãntimo.
—Del asesinato de Mortimer Tregennis —respondió Holmes.
Por un momento, deseé que estuviéramos armados. El rostro feroz de Sterndale adquirió un color rojo oscuro, sus ojos llamearon, y en su frente se marcaron venas nudosas y coléricas, mientras avanzaba hacia mi compañero con los puños apretados. Pero se contuvo y, con un violento esfuerzo, adoptó nuevamente la actitud calmada, pero frÃa y rÃgida, que en cierto modo daba incluso más sensación de peligro que su apasionado arrebato.