El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Tuvo que tirar dos o tres puñados de grava antes de que el inquilino se asomara a la ventana. Usted le pidió que bajara. Él se vistió a toda prisa y bajó a su sala de estar. Usted entró por la ventana. Tuvieron una conversación bastante breve, durante la cual usted no paró de andar de un lado a otro de la habitación. Luego volvió a salir, cerró la ventana y se quedó en el césped de fuera, fumando un cigarro y aguardando a ver qué ocurría. Por último, tras la muerte de Tregennis, se marchó por donde había venido. Veamos, pues, doctor Sterndale: ¿cómo justifica usted su conducta y cuál fue el motivo de sus acciones? Si intenta mentirme o jugar conmigo, le doy mi palabra de que el asunto saldrá de mis manos definitivamente.
La cara de nuestro visitante se había puesto de color gris ceniza al escuchar las palabras de su acusador. Estuvo reflexionando un buen rato, con el rostro oculto entre las manos, y de pronto, con un súbito gesto impulsivo, sacó del bolsillo del pecho una fotografía, y la arrojó sobre la mesa rústica que teníamos delante.
—Ésa es la razón de lo que hice —dijo.
Se trataba del retrato de una mujer hermosísima. Holmes se inclinó para verla mejor.
—Brenda Tregennis —dijo.