El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —La cadena de razonamientos no tiene nada de misterioso, Watson —dijo Holmes con un brillo malicioso en los ojos—. Pertenece a la misma categorÃa de deducciones elementales que, por poner otro ejemplo, si yo le preguntara con quién ha dado usted un paseo en coche esta mañana.
—No me parece que un nuevo ejemplo constituya una explicación —dije yo, con cierta aspereza.
—¡Bravo, Watson! Una censura muy digna y lógica. Veamos, ¿cuáles eran los pasos? Tomemos primero el último ejemplo: el del coche. FÃjese en que tiene usted unas salpicaduras en la manga y el hombro izquierdos de su chaqueta. Ahora bien, si hubiera ido sentado en el centro del coche, probablemente no tendrÃa ninguna salpicadura; y de tenerlas, serÃan simétricas. Asà pues, está claro que iba sentado a un lado. Por lo tanto, está igualmente claro que iba acompañado.
—Es muy evidente.
—Una absoluta vulgaridad, ¿no le parece?
—¿Y lo de los zapatos y el baño?