El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Igual de infantil. Usted tiene la costumbre de atarse los zapatos de una determinada manera. En esta ocasión, veo que los lleva atados con una doble lazada muy elaborada, que no es su manera habitual de atarlos. Por lo tanto, se los ha quitado. ¿Quién ha podido atárselos? O bien un zapatero… o bien el asistente de la casa de baños. Es muy poco probable que haya sido un zapatero, porque sus zapatos están casi nuevos. ¿Qué queda entonces? El baño. RidÃculo, ¿verdad? Pero, a fin de cuentas, el baño turco ha servido para algo.
—¿Para qué?
—Acaba usted de decir que lo ha tomado porque necesitaba un cambio. PermÃtame que le sugiera un buen cambio. ¿Qué le parecerÃa Lausana, querido Watson? Billetes de primera clase y todos los gastos pagados, como un prÃncipe.
—¡Espléndido! Pero ¿por qué?
Holmes se recostó en su butaca y sacó del bolsillo su cuaderno de notas.