El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes La autoritaria voz de Holmes hizo efecto en los hombres que transportaban el ataúd. Peters habÃa desaparecido en el interior de la casa, y ellos decidieron obedecer estas nuevas órdenes.
—¡Deprisa, Watson, deprisa! ¡Aquà tenemos un destornillador! —exclamó mientras volvÃan a colocar el ataúd sobre la mesa—. ¡Aquà tiene usted otro, buen hombre! ¡Hay un soberano para usted si quitamos la tapa en menos de un minuto! ¡No pregunte! ¡Trabaje! ¡Muy bien! ¡Otro! ¡Y otro! ¡Ahora tiren todos a la vez! ¡Está cediendo! ¡Está cediendo! ¡Ya está!
Entre todos, arrancamos la tapa del ataúd, y al hacerlo salió de su interior un intensÃsimo olor a cloroformo que mareaba. Dentro habÃa un cuerpo con la cabeza completamente envuelta en algodón empapado de narcótico. Holmes se lo quitó y dejó al descubierto el rostro estatuario de una mujer de edad mediana, atractiva y de rasgos espirituales. Al instante, pasó el brazo en torno al cuerpo y la incorporó hasta dejarla sentada.
—¿Está muerta, Watson? ¿Queda alguna chispa de vida? ¡Ojalá no hayamos llegado demasiado tarde!