El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes Durante media hora pareció que asà era. Entre la asfixia del encierro y los vapores tóxicos del cloroformo, lady Frances parecÃa haber traspasado el último lÃmite, más allá del cual no hay retorno posible. Pero por fin, a base de respiración artificial, inyecciones de éter y todos los demás recursos de la ciencia, se produjo un aleteo de vida, un ligero temblor de los párpados, un mÃnimo empañamiento del espejo, que anunciaban que la vida regresaba poco a poco. En aquel momento se detuvo un coche frente a la casa y Holmes, apartando las cortinas, miró y dijo:
—Ahà viene Lestrade con la orden. Pero se encontrará con que los pájaros han volado. Y aquà viene alguien —añadió al oÃr unos pasos fuertes y apresurados en el pasillo— que tiene más derecho que nosotros a cuidar de esta dama. Buenos dÃas, señor Green. Creo que, cuanto antes traslademos a lady Frances, mejor será. Mientras tanto, el entierro puede seguir adelante, y esta pobre anciana que todavÃa está dentro del ataúd puede ir sola a su último lugar de reposo.