El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —¡Estupendo, Watson, estupendo! Es usted el mejor de los mensajeros.
—QuerÃa venir conmigo.
—Ah, pero eso no habrÃa dado resultado, Watson. Eso habrÃa sido de todo punto imposible. ¿Preguntó por mi dolencia?
—Le conté lo de los chinos en el East End.
—¡Perfecto! Muy bien, Watson, ha hecho usted todo lo que podrÃa hacer un buen amigo. Ahora ya puede desaparecer de la escena.
—Tengo que quedarme y escuchar su opinión, Holmes.
—Pues claro que sÃ. Pero tengo razones para suponer que su opinión será mucho más sincera y valiosa si él cree que estamos solos. Hay sitio suficiente detrás de la cabecera de mi cama, Watson.
—¡Pero Holmes!
—Me temo que no hay alternativa, Watson. La habitación no se presta mucho a ocultamientos, lo cual es una ventaja, porque asà es menos probable que despierte sus sospechas. Pero aquà creo que podrá esconderse —de pronto se incorporó con una rÃgida expresión de ansiedad en su rostro macilento—. ¡Ahà se oyen las ruedas, Watson! ¡Rápido, hombre, si es que me aprecia! Y no se mueva, ocurra lo que ocurra…, ocurra lo que ocurra, ¿me oye? No hable, no se mueva, limÃtese a escuchar como si fuera todo oÃdos.