El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Exacto. Pues bien, como es natural, envié a BerlÃn un resumen de la información. Por desgracia, nuestro buen canciller es un poco chapucero en esta clase de asuntos, y se le ocurrió hacer un comentario que demostraba que estaba informado de lo que se habÃa dicho. Y, claro está, la pista conducÃa directamente a mÃ. No tiene usted idea del daño que eso me hizo. Le aseguro que en aquella ocasión no hubo nada de blando en nuestros anfitriones británicos. Tardé dos años en repararlo. En cambio, usted, con esa pose de deportista…
—No, no la llame pose. Una pose es algo artificial y esto es completamente natural. Soy un deportista nato. Disfruto siéndolo.
—Bueno, eso lo hace aún más eficaz. Usted compite en regatas con ellos, va de caza con ellos, juega al polo, participa en todos sus juegos, su tiro de caballos gana el premio del Olympia…, hasta he oÃdo que ha llegado a boxear con los oficiales jóvenes. ¿Y cuál es el resultado? Nadie lo toma en serio. Es usted un «tipo simpático», un sujeto «bastante decente para ser alemán», un bebedor, trasnochador, juerguista e irresponsable. Y mientras tanto, esta apacible casa de campo es el foco de la mitad de las conspiraciones que se traman contra Inglaterra, y el joven caballero deportista es el agente secreto más astuto de toda Europa. Eso es genio, querido Von Bork. ¡Genio!