El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Me adula usted, barón. Aunque, desde luego, puedo asegurar que mis cuatro años en este paÃs no han sido improductivos. Nunca le he enseñado mi pequeño almacén. ¿Le gustarÃa entrar a verlo un momento?
La puerta del despacho daba directamente a la terraza. Von Bork la empujó, entró el primero y giró el interruptor de la luz eléctrica. A continuación, cerró la puerta detrás de la voluminosa figura que le seguÃa y corrió cuidadosamente la pesada cortina sobre la ventana enrejada. Sólo después de tomar y repasar todas estas precauciones volvió su rostro bronceado y aguileño hacia su visitante.
—Algunos de mis documentos ya no están aquà —dijo—. Cuando mi esposa y la servidumbre partieron ayer hacia Flessinga, se llevaron los menos importantes. Para los demás, por supuesto, tendré que solicitar la protección de la embajada.
—Su nombre ya está inscrito como miembro del personal. Ni usted ni su equipaje tendrán ningún problema. Por supuesto, también es posible que no tengamos que irnos. Puede que Inglaterra abandone a Francia a su suerte. Estamos seguros de que no existe entre ellas ningún tratado vinculante.
—¿Y Bélgica?
—Con Bélgica, lo mismo.
Von Bork meneó la cabeza.