El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes El corpulento conductor, que se habÃa sentado a la mesa, adelantó su copa con entusiasmo.
—Es un buen vino, Holmes.
—Un vino extraordinario, Watson. Este amigo que tenemos en el sofá me ha asegurado que procede de la bodega especial de Francisco José, en el Palacio de Schönbrunn. ¿Le importarÃa abrir la ventana? Los vapores del cloroformo no sientan nada bien al paladar.
La caja fuerte estaba abierta de par en par y Holmes estaba de pie delante de ella, sacando un archivo tras otro, examinando rápidamente su contenido y colocándolos con mucho cuidado en la maleta de Von Bork. El alemán estaba tumbado en el sofá, roncando ruidosamente, con los brazos sujetos con una correa y las piernas con otra.
—No tenemos ninguna prisa, Watson. Nadie nos va a interrumpir. ¿Me hace el favor de tocar el timbre? No hay nadie en la casa, excepto la vieja Martha, que ha representado su papel de un modo admirable. Lo primero que hice al encargarme del caso fue conseguirle esta colocación. Ah, Martha, le alegrará saber que todo ha salido bien.
La simpática anciana habÃa aparecido en el umbral de la puerta. Saludó a Holmes con una reverencia y una sonrisa, pero se quedó mirando con cierta aprensión a la figura tendida en el sofá.