El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —No parece que tenga usted una opinión muy elevada de mi honor —dijo—. ¿Asà que quiere cobrar antes de entregar el libro?
—Venga tÃo, los negocios son los negocios.
—Muy bien. Como usted quiera —se sentó a la mesa y rellenó un cheque, arrancándolo del talonario, pero sin entregárselo a su interlocutor—. En fin, puesto que vamos a tratar en estos términos, no veo por qué deberÃa yo fiarme de usted más de lo que usted se fÃa de mÃ. ¿Entiende? —añadió, girando la cabeza para mirar al americano por encima del hombro—. Aquà dejo el cheque, encima de la mesa. Pero reclamo el derecho a examinar el paquete antes de que usted recoja el dinero.
El americano se lo entregó sin decir una sola palabra. Von Bork desató la cuerda y deshizo dos envoltorios de papel. Y tuvo que sentarse, mudo de asombro, contemplando el librito azul que tenÃa ante sus ojos. En la portada, impreso en letras doradas, se leÃa: Manual práctico del apicultor. El maestro de espÃas no tuvo más que un instante para mirar aquel extraño e irrelevante tÃtulo. Al instante siguiente, una garra de hierro lo sujetó por la nuca, y alguien apretó contra su rostro contorsionado una esponja empapada en cloroformo.
* * *
—¿Otra copa, Watson? —dijo Sherlock Holmes, acercando la botella de tokay imperial.