El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Ya ve los sacrificios que uno tiene que hacer por su paÃs, Watson —dijo Holmes, dando un tirón a su mechón de barba—. Pero mañana no quedará de ella más que un desagradable recuerdo. Con un buen corte de pelo y unos pocos arreglos de poca monta, estoy seguro de que mañana reapareceré en el Claridge’s tal como era antes de que me encasquetaran…, le pido perdón, Watson, parece que mi dominio del idioma ha desaparecido para siempre…, antes de que me encomendaran esta misión.
—Pero ¿no se habÃa retirado usted? HabÃa oÃdo decir que vivÃa como un ermitaño con sus abejas y sus libros en una pequeña granja del Sur.
—Exacto, Watson. Y aquà tiene el fruto de mi cómoda holganza, la obra magna de mis últimos años —recogió el libro de encima de la mesa y leyó en voz alta el tÃtulo completo—: Manual práctico del apicultor, con algunos comentarios acerca de la separación de la reina. Lo hice yo solito. Contemple el fruto de las noches de reflexión y los dÃas de trabajo dedicados a observar las cuadrillas de pequeñas obreras, tal como en otros tiempos observaba el mundo del crimen en Londres.
—¿Y cómo fue lo de volver al trabajo?