El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Yo creo que la explicación está en la extraña criatura de la cocina. Ese hombre era un salvaje primitivo de las selvas de San Pedro, y aquello era su fetiche. Cuando él y su compañero tuvieron que huir a algún escondite preparado de antemano, donde, sin duda, vivÃa otro de sus compinches, el compañero debió de convencerlo de que abandonara aquel objeto tan comprometedor. Pero el mulato sentÃa demasiado apego por su amuleto y al dÃa siguiente se sintió arrastrado a regresar a por él. Sin embargo, al espiar por la ventana vio que el agente Walters tenÃa controlada la casa. Esperó tres dÃas más, y su fe o su superstición le impulsaron a intentarlo de nuevo. El inspector Baynes, que con su astucia habitual habÃa procurado quitarle importancia al incidente delante de mÃ, se habÃa percatado ya de su trascendencia y habÃa tendido una trampa en la que el pobre individuo fue a caer. ¿Alguna otra cosa, Watson?
—El ave despedazada, el cubo de sangre, los huesos chamuscados, todo el misterio de aquella macabra cocina.
Sonriendo, Holmes buscó una anotación en su cuaderno.
—Me pasé una mañana en el Museo Británico leyendo sobre este tema y algunos otros. Aquà tengo una cita de la obra de Eckermann El vudú y las religiones africanas: