El Valle del terror
El Valle del terror Comienza a hacerse la luz
Los tres detectives tenían que entrar en averiguaciones sobre múltiples detalles, y yo regresé por esa razón solo a las modestas habitaciones que ocupábamos en el mesón de la aldea; pero antes salí a dar un paseo por el curioso y anticuado jardín que flanqueaba la casa. Hileras de antiquísimos tejos, podados formando raros dibujos, lo ceñían todo alrededor. En el interior había una magnifica pradera en cuyo centro se alzaba un antiguo reloj de sol, produciendo el conjunto una sensación de calma y sosiego que fue bien recibida por mis nervios algo desquiciados. Envuelto en aquella atmósfera hondamente apacible, podía uno olvidar o recordar solamente como una fantástica pesadilla aquel despacho triste y la figura manchada de sangre, con los miembros extendidos, que había en el suelo. Sin embargo, mientras yo paseaba tratando de impregnar mi alma con su delicado aroma, ocurrió un extraño incidente que hizo retroceder mi pensamiento a la tragedia, dejando en mi alma una impresión siniestra.
