El Valle del terror
El Valle del terror El gran Maestre
McMurdo era hombre que destacaba en seguida. Quienes estaban a su alrededor advertían muy pronto su presencia. Antes que transcurriese una semana se había convertido con muchísimo en la persona más importante de la pensión de Shafter. Los huéspedes eran diez o doce, pero se trataba de honrados contramaestres o de vulgares empleados de las casas de negocio, todos ellos de un calibre muy distinto al del joven irlandés. Cuando por las noches se reunían todos, era él quien más a punto tenía siempre una broma, el de más brillante conversación y el que mejores canciones cantaba. Festivo por naturaleza, estaba dotado de un magnetismo que despertaba el buen humor en todos cuantos le rodeaban. Pero, con todo ello, mostraba una y otra vez, al igual que había mostrado en el vagón del tren, que era capaz de dejarse llevar de unos arrebatos tan bruscos y violentos, que imponía respeto y temor a quienes con él trataban. Daba pruebas, además, de tal desprecio por la ley y por todos cuantos con ella estaban relacionados, que conseguía deleitar a unos y alarmar a otros de sus compañeros de pensión.
