El Valle del terror
El Valle del terror —Eso mismo estaba yo pensando —dijo McMurdo—. Voy ahora mismo y lo dejaré arreglado. Puedes decir a tu padre que dormiré aquà esta noche y que por la mañana encontraré otro alojamiento.
El mostrador del salón de McGinty hallábase tan concurrido como de costumbre, porque era el lugar favorito en que pasaban el tiempo los elementos más broncos de la población. El tal McGinty era muy popular, porque era hombre de carácter rudamente jovial, máscara que le servÃa para ocultar tras ella muchas cosas. Pero, con independencia de esa popularidad, bastaba para llenar el bar el miedo que inspiraba en toda la población en los cincuenta kilómetros que abarcaba el valle y hasta más allá de las montañas que se alzaban a uno y otro lado del mismo, porque nadie podÃa dejar de cultivar su buena voluntad.