El Valle del terror
El Valle del terror —¿Perteneces a la logia veintinueve, de Chicago?
Nuevamente McMurdo se inclinó.
—Las noches oscuras son desagradables —dijo la voz.
—Sí, para que viajen los forasteros —contestó.
—Los nubarrones son oscuros.
—Sí; se aproxima una tormenta.
—¿Están satisfechos los hermanos? —preguntó el gran maestre.
Se oyó un murmullo general de conformidad, y McGinty dijo:
—Ya sabemos, hermano, por tu seña y por tu contraseña, que eres en verdad de los nuestros. Pero queremos que sepas que en éste y en otros condados de esta región tenemos ciertos ritos y también ciertas obligaciones especiales nuestras, que sólo pueden ser cumplidas por hombres de verdad. ¿Estás dispuesto a que se te someta a prueba?
—Lo estoy.
—¿Eres hombre de firme corazón?
—Lo soy.
—Demuéstralo dando un paso hacia adelante.