El Valle del terror
El Valle del terror —Hay en la actualidad fondos suficientes —dijo el tesorero con la cuenta del Banco delante—. Últimamente las empresas se han mostrado generosas. Max Linder y CompañÃa entregaron quinientos para que no se los molestase. Walker Brothers enviaron ciento, pero yo me encargué, sin más, de devolvérselos y pedir quinientos. Si de aquà al miércoles no recibo noticias suyas, quizá se descomponga su caballete de cabria. El año pasado tuvimos que pegar fuego a su máquina quebrantadora antes que entrasen en razón. También la Wets Section Coaling Company ha pagado su contribución anual. Tenemos en caja suficiente dinero para atender a cualquier obligación.
—¿Y qué hay de lo de Arche Swindon? —preguntó un hermano.
—Vendió su negocio y abandonó el distrito. El pobre diablo nos dejó una carta en la que dice que prefiere ser en Nueva York barrendero voluntario en un cruce de calles, que gran propietario de minas sometido a la voluntad de una cuadrilla de chantajistas. ¡Vive Dios, que hizo bien en largarse antes que la carta llegase a nuestras manos! Supongo que no se atreverá a asomar de nuevo la cara por este valle.
Un hombre anciano, completamente afeitado, de facciones bondadosas y ceño sencillo, se levantó al extremo de la mesa en el lado opuesto al del presidente, y preguntó: