El Valle del terror
El Valle del terror Terminaron los trámites del Tribunal de PolicÃa, que envió el caso de John Douglas a otro Tribunal superior. También terminó de verse la causa ante el Jurado, y en ella fue absuelto por haber actuado en defensa propia. Holmes escribió a su esposa:
«Sáquelo de Inglaterra a toda costa. Existen aquà fuerzas que quizá sean más peligrosas que esas otras de las que se ha salvado. En Inglaterra no habrá salvación para su marido».
HabÃan transcurrido dos meses y el caso quedaba ya hasta cierto punto olvidado para nosotros. Pero una buena mañana fue echada en nuestro buzón una carta enigmática: «¡Pobre de mÃ, mÃster Holmes! ¡Pobre de mÃ!». DecÃa aquella singular epÃstola. No llevaba ni fecha ni firma. Aquel extraño mensaje me hizo reÃr, pero Holmes mostró una sorprendente seriedad.
—¡Maldad tenemos, Watson! —comentó, y permaneció largo rato sentado y ceñudo.
Aquella misma noche, y ya muy tarde, mistress Hudson, patrona nuestra, entró a decirnos que un caballero deseaba ver a Holmes, y que se trataba de un asunto de máxima importancia. Casi inmediatamente entró mÃster Cecil Barker, nuestro amigo de la casa solariega del foso. VenÃa serio y ojeroso.
—MÃster Holmes, he tenido malas noticias; noticias horribles —dijo.
—Me lo temÃa —dijo Holmes.
