El Valle del terror
El Valle del terror —Yo sólo puedo decir que la primera advertencia que recibimos de este asunto procedÃa de uno de sus subtenientes. Estos norteamericanos han sabido lo que se hacÃan. Como tenÃan que realizar un trabajo inglés, dieron entrada a un socio: a esta gran autoridad en la ejecución de crÃmenes. Eso puede hacerlo cualquier criminal extranjero. Desde el mismo instante el hombre al que perseguÃan estaba perdido. Al principio el socio inglés se limitó a emplear su organización para averiguar el paradero de su vÃctima. Luego les indicó de qué manera podÃan realizar su obra. Por último, al leer en los periódicos el fracaso de este agente, entró en acción él mismo con su habilidad de maestro. Usted me oyó en la casa solariega de Birlstone advertir a su amigo que el peligro futuro era mayor que el pasado. ¿Estaba en lo cierto?
Barker, presa de rabia impotente, se golpeó la cabeza con el puño cerrado.
—¿Me quiere usted decir con eso que tenemos que tolerar semejante cosa resignadamente? ¿Me quiere usted decir que nadie conseguirá nunca devolverle el golpe a ese demonio?
—No, yo no digo eso —contestó Holmes, y pareció que sus ojos escrutaban en las lejanÃas del futura—. Yo no digo que no pueda ser vencido. Pero deben darme tiempo, deben ustedes darme tiempo.