El Valle del terror
El Valle del terror El despensero dejó escapar una exclamación de asombro, apuntó con el dedo hacia la mano extendida del muerto y jadeó:
—¡Le han quitado su anillo de boda!
—¿Qué?
—Sí, su anillo de boda. El amo llevaba siempre su anillo de boda de oro liso en el dedo meñique de su mano izquierda. Ese otro anillo de la pepita de oro en bruto lo llevaba encima del de la boda, y el anillo de la serpiente enroscada lo llevaba en el dedo tercero. Vean ustedes el anillo de la pepita y el anillo de la serpiente, pero el de boda ha desaparecido.
—Tiene razón —dijo Barker.
—¿De modo que ese anillo de boda lo llevaba debajo del otro?
—Siempre.
—Pues entonces el asesino, o quien fuese, empezó por sacar del dedo ese anillo que ustedes llaman de la pepita en bruto, luego le quitó el de boda y después volvió a colocar en su sitio el de la pepita en bruto.
—Así es.
El digno guardia del condado movió repetidas veces la cabeza, y dijo: