El Valle del terror
El Valle del terror El aviso
—Estoy tentado de pensar… —dije.
—Yo deberĂa hacer lo mismo —Sherlock Holmes observĂł impacientemente.
Pienso que soy uno de los más pacientes de entre los mortales; pero admito que me molestó esa burlona interrupción.
—De verdad, Holmes —dije con severidad— resulta usted un poco irritante en ciertas ocasiones.
Holmes estaba ensimismado en sus propios pensamientos para dar una respuesta inmediata a mi réplica. Se recostó sobre su mano, con su desayuno intacto ante él, y clavó su mirada en el trozo de papel que acababa de sacar de su sobre. Luego tomo el mismo sobre, tendiéndolo contra la luz y estudiándolo cuidadosamente, tanto el exterior como la cubierta.
—Es la letra de Porlock —dijo pensativo—. Me quedan pocas dudas de que sea su letra, aunque la haya visto sĂłlo dos veces anteriormente. La e griega con el peculiar adorno arriba es muy distintiva. Pero si es Porlock, entonces debe ser algo de primerĂsima importancia.
Hablaba más consigo mismo que conmigo; pero mi incomodidad desapareció para dar lugar al interés que despertaron aquellas palabras.
—¿Quién es ese Porlock? —pregunté.
