Estudio en Escarlata
Estudio en Escarlata —Dicen que la genialidad consiste en una infinita capacidad de esfuerzo —observó con una sonrisa—. Es una pésima definición, pero se aplica bien al trabajo del detective.
Gregson y Lestrade habÃan observado las maniobras de su colega amateur con notable curiosidad y cierto desdén. Era evidente que no habÃan llegado a comprender, como yo empezaba a hacerlo, que incluso los actos más insignificantes de Sherlock Holmes tenÃan una finalidad determinada y práctica.
—¿Qué opina usted de todo esto? —le preguntaron los dos.
—Si me permitiera ayudarles a resolver el caso, les robarÃa el mérito que les corresponde —observó mi amigo—. Lo están haciendo tan bien que serÃa una pena que alguien se entrometiera —al decir esto su voz rezumaba sarcasmo—. Pero si me tienen al corriente del curso de la investigación —siguió—, será un placer para mà ayudarles en lo que pueda. Entretanto me gustarÃa hablar con el agente que encontró el cadáver. ¿Pueden darme su nombre y dirección?
Lestrade consultó su cuaderno.
—John Rance —dijo—. Ahora no está de servicio. Lo encontrará en el 46 de Audley Court, Kennington Park Gate.
Holmes anotó la dirección.