Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -A la oficina de Correos de Leadenhall, para ser retiradas personalmente. Me dijo que si se las enviaba a las oficinas, los demás escribientes le embromarían por recibir cartas de una dama; me brindé, pues, a escribírselas a máquina, igual que hacía él con las suyas, pero no quiso aceptarlo, afirmando que cuando eran de mi puño y letra le producían, en efecto, la impresión de que procedían de mí, pero que si se las escribía a máquina le daban la sensación de que ésta se interponía entre él y yo. Por ese detalle podrá usted ver señor Holmes, cuánto me quería, y en qué insignificancias se fijaba.
-Sí, eso fue muy sugestivo -dijo Holmes-. Desde hace mucho tiempo tengo yo por axioma el de que las cosas pequeñas son infinitamente las más importantes. ¿No recuerda usted algunas otras pequeñeces referentes al señor Hosmer Angel?