Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¡Oh, no señor! Era un hombre demasiado bueno y cariñoso para abandonarme de ese modo. Durante toda la mañana no hizo otra cosa que insistir en que, ocurriese lo que ocurriese, tenía yo que seguir siéndole fiel; que aunque algo imprevisto nos separase al uno del otro, tenía yo que acordarme siempre de que me había comprometido a él, y que más pronto o más tarde se presentaría a exigirme el cumplimiento de mi promesa. Eran palabras que resultaban extrañas para dichas la mañana de una boda, pero adquieren sentido por lo que ha ocurrido después.
-Lo adquieren, con toda evidencia. ¿Según eso, usted está en la creencia de que le ha ocurrido alguna catástrofe imprevista?
-Sí, señor. Creo que él previó algún peligro, pues de lo contrario no habría hablado como habló. Y pienso, además, que ocurrió lo que él había previsto.
-¿Y no tiene usted idea alguna de qué pudo ser?
-Absolutamente ninguna.
-Otra pregunta más: ¿Cuál fue la actitud de su madre en el asunto?
-Se puso furiosa, y me dijo que yo no debía volver a hablar jamás de lo ocurrido.
-¿Y su padre? ¿Se lo contó usted?