Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Sí, y pareció pensar, al igual que yo, que algo le había sucedido a Hosmer, y que yo volvería a tener noticias de él. Porque, me decía, ¿qué interés podía tener nadie en llevarme hasta las puertas de la iglesia, y abandonarme allí? Si él me hubiese pedido dinero prestado, o si, después de casarse conmigo, hubiese conseguido poner mi capital a nombre suyo, pudiera haber una razón; pero Hosmer no quería depender de nadie en cuestión de dinero, y nunca quiso aceptar ni un solo chelín mío. ¿Qué podía, pues, haber ocurrido? ¿Y por qué no puede escribir? Sólo de pensarlo me pongo medio loca. Y no puedo pegar ojo en toda la noche.
Sacó de su manguito un pañuelo, y empezó a verter en él sus profundos sollozos. Sherlock Holmes le dijo, levantándose:
-Examinaré el caso en interés de usted, y no dudo de que llegaremos a resultados concretos. Descargue desde ahora sobre mí el peso de este asunto, y desentienda por completo su pensamiento del mismo. Y sobre todo, procure que el señor Hosmer Angel se desvanezca de su memoria, de la misma manera que él se ha desvanecido de su vida.
-¿Cree usted entonces que ya no volveré a verlo más?
-Me temo que no.
-¿Qué le ha ocurrido entonces?