Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Buenas tardes, señor James Windibank -le dijo Holmes-. Creo que es usted quien me ha enviado esta carta escrita a máquina, citándose conmigo a las seis, ¿no es cierto?
-En efecto, señor. Me temo que he llegado con un pequeño retraso, pero tenga en cuenta que no puedo disponer de mi persona libremente. Siento que la señorita Sutherland le haya molestado a usted a propósito de esta minucia, porque creo que es mucho mejor no sacar a pública colada estos trapos sucios. Vino muy contra mi voluntad, pero es una joven muy excitable e impulsiva, como habrá usted podido darse cuenta, y no es fácil frenarla cuando ha tomado una resolución. Claro está que no me importa tanto tratándose de usted, que no tiene nada que ver con la Policía oficial, pero no resulta agradable el que se airee fuera de casa un pequeño contratiempo familiar como éste. Además, se trata de un gasto inútil, porque, ¿cómo va usted a encontrar a este Hosmer Angel?
-Por el contrario -dijo tranquilamente Holmes-, tengo toda clase de razones para creer que lograré encontrar a ese señor.
El señor Windibank experimentó un violento sobresalto, y dejó caer sus guantes, diciendo:
-Me encanta oír decir eso.