Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Holmes dio dos pasos rápidos hacia el látigo, pero antes que pudiera echarle mano, resonó en la escalera el ruido de unos pasos desatinados, se cerró con un golpe estrepitoso la pesada puerta del vestÃbulo; y nosotros pudimos ver por la ventana al señor James Windibank que corrÃa calle adelante a todo lo que daban sus piernas.
-¡Ahà va un hombre que hace sus canalladas a sangre frÃa! -exclamó Holmes riéndose, al mismo tiempo que se dejaba caer otra vez en su sillón-. El individuo ese irá subiendo de categorÃa en sus crÃmenes, y terminará realizando alguno muy grave, que lo llevará a la horca. Desde algunos puntos de vista, no ha estado el caso actual desprovisto por completo de interés.
-TodavÃa no veo totalmente las etapas de su razonamiento -le hice notar yo.