Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Sin duda, ya ha sacado usted conclusiones de los periódicos -dijo-. El caso es tan vulgar como un palo de escoba, y cuanto más profundiza uno en él, más vulgar se vuelve. Pero, por supuesto, no se le puede decir que no a una dama, sobre todo a una tan voluntariosa. HabÃa oÃdo hablar de usted e insistió en conocer su opinión, a pesar de que yo le repetà un montón de veces que usted no podrÃa hacer nada que yo no hubiera hecho ya. Pero, ¡caramba! ¡Ahà está su coche en la puerta!
Apenas habÃa terminado de hablar cuando irrumpió en la habitación una de las jóvenes más encantadoras que he visto en mi vida. Brillantes ojos color violeta, labios entreabiertos, un toque de rubor en sus mejillas, habiendo perdido toda noción de su recato natural ante el Ãmpetu arrollador de su agitación y preocupación.