Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¡Pero tiene razón! ¡Sé que tiene razón! James no lo hizo. Y en cuanto a esa disputa con su padre, estoy segura de que la razón de que no quisiera hablar de ella al juez fue que discutieron acerca de mí.
-¿Y por qué motivo?
-No es momento de ocultar nada. James y su padre tenían muchas desavenencias por mi causa. El señor McCarthy estaba muy interesado en que nos casáramos. James y yo siempre nos hemos querido como hermanos, pero, claro, él es muy joven y aún ha visto muy poco de la vida, y… y… bueno, naturalmente, todavía no estaba preparado para meterse en algo así. De ahí que tuvieran discusiones, y ésta, estoy segura, fue una más.
-¿Y el padre de usted? -preguntó Holmes-. ¿También era partidario de ese enlace?
-No, él también se oponía. El único que estaba a favor era McCarthy.
Un súbito rubor cubrió sus lozanas y juveniles facciones cuando Holmes le dirigió una de sus penetrantes miradas inquisitivas.
-Gracias por esta información -dijo-. ¿Podría ver a su padre si le visito mañana?
-Me temo que el médico no lo va a permitir.
-¿El médico?