Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Era ya tarde cuando regresó Sherlock Holmes. Venía solo, ya que Lestrade se alojaba en el pueblo.
-El barómetro continúa muy alto -comentó mientras se sentaba-. Es importante que no llueva hasta que hayamos podido examinar el lugar de los hechos. Por otra parte, para un trabajito como ése uno tiene que estar en plena forma y bien despierto, y no quiero hacerlo estando fatigado por un largo viaje. He visto al joven McCarthy.
-¿Y qué ha sacado de él?
-Nada.
-¿No pudo arrojar ninguna luz?
-Absolutamente ninguna. En algún momento me sentí inclinado a pensar que él sabía quién lo había hecho y estaba encubriéndolo o encubriéndola, pero ahora estoy convencido de que está tan a oscuras como todos los demás. No es un muchacho demasiado perspicaz, aunque sí bien parecido y yo diría que de corazón noble.
-No puedo admirar sus gustos -comenté-, si es verdad eso de que se negaba a casarse con una joven tan encantadora como esta señorita Turner.