Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Desde entonces han transcurrido dos años, y mi vida ha sido más solitaria que nunca, hasta hace muy poco. Hace un mes, un amigo muy querido, al que conozco desde hace muchos años, me hizo el honor de pedir mi mano. Se llama Armitage, Percy Armitage, segundo hijo del señor Armitage, de Crane Water, cerca de Reading. Mi padrastro no ha puesto inconvenientes al matrimonio, y pensamos casarnos en primavera. Hace dos dÃas se iniciaron unas reparaciones en el ala oeste del edificio, y hubo que agujerear la pared de mi cuarto, por lo que me tuve que instalar en la habitación donde murió mi hermana y dormir en la misma cama en la que ella dormÃa. ImagÃnese mi escalofrÃo de terror cuando anoche, estando yo acostada pero despierta, pensando en su terrible final, oà de pronto en el silencio de la noche el suave silbido que habÃa anunciado su propia muerte. Salté de la cama y encendà la lámpara, pero no vi nada anormal en la habitación. Estaba demasiado nerviosa como para volver a acostarme, asà que me vestà y, en cuando salió el sol, me eché a la calle, cogà un coche en la posada Crown, que está enfrente de casa, y me planté en Leatherhead, de donde he llegado esta mañana, con el único objeto de venir a verle y pedirle consejo.
—Ha hecho usted muy bien —dijo mi amigo—. Pero ¿me lo ha contado todo?
—SÃ, todo.