Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —¡Ah, esto es muy sugerente! Ahora, veamos: por la parte de atrás de este ala está el pasillo al que dan estas tres habitaciones. Supongo que tendrá ventanas.
—SÃ, pero muy pequeñas. Demasiado estrechas para que pueda pasar nadie por ellas.
—Puesto que ustedes dos cerraban sus puertas con llave por la noche, el acceso a sus habitaciones por ese lado es imposible. Ahora, ¿tendrá usted la bondad de entrar en su habitación y cerrar los postigos de la ventana?
La señorita Stoner hizo lo que le pedÃan, y Holmes, tras haber examinado atentamente la ventana abierta, intentó por todos los medios abrir los postigos cerrados, pero sin éxito. No existÃa ninguna rendija por la que pasar una navaja para levantar la barra de hierro. A continuación, examinó con la lupa las bisagras, pero éstas eran de hierro macizo, firmemente empotrado en la recia pared.
—¡Hum! —dijo, rascándose la barbilla y algo perplejo—. Desde luego, mi teorÃa presenta ciertas dificultades. Nadie podrÃa pasar con estos postigos cerrados. Bueno, veamos si el interior arroja alguna luz sobre el asunto.