Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Puede guardarla su banquero o puede guardarla su abogado. Existe esa doble posibilidad. Pero estoy inclinado a pensar que ni lo uno ni lo otro. Las mujeres son por naturaleza aficionadas al encubrimiento, pero les gusta ser ellas mismas las encubridoras. ¿Por qué razón habría de entregarla a otra persona?. Podía confiar en sí misma como guardadora; pero no sabía qué influencias políticas, directas o indirectas, podrían llegar a emplearse para hacer fuerza sobre un hombre de negocios. Tenga usted, además, en cuenta que ella había tomado la resolución de servirse de la fotografía dentro de unos días. Debe, pues, encontrarse en un lugar en que le sea fácil echar mano de la misma. Debe de estar en su propio domicilio.
-Pero la casa ha sido asaltada y registrada por dos veces.
-¡ Bah! No supieron registrar debidamente.
-Y ¿cómo lo hará usted?
-Yo no haré registros.
-¿Qué hará, pues?
-Haré que ella misma me indique el sitio.
-Se negará.
-No podrá. Pero ya oigo traqueteo de ruedas. Es su coche. Ea, tenga cuidado con cumplir mis órdenes al pie de la letra.