Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Al momento resultaba obvio que la historia de la tierra de batán no era más que un embuste, pues resultaba absurdo suponer que se pudiera destinar una máquina tan potente a una finalidad tan inadecuada. Las paredes eran de madera, pero el suelo consistÃa en una gran plancha de hierro, y cuando la examiné detenidamente pude ver sobre ella una costra formada por un poso metálico. Me habÃa agachado y la raspaba para saber exactamente qué era, cuando oà una sorda exclamación en alemán y vi la faz cadavérica del coronel que me miraba desde arriba.
»-¿Qué está haciendo aqu� -pregunto.
»Yo estaba indignado por haberme dejado engañar por una historia tan rebuscada como la que me habÃa contado.
»-Estaba admirando su tierra de batán -repliqué-. Creo que podrÃa aconsejarle mejor respecto a su máquina, si supiera exactamente con qué propósito ha sido utilizada.
»Apenas habÃa pronunciado estas palabras, lamenté la franqueza de las mismas. El rostro del coronel pareció endurecerse y una luz amenazadora bailó en sus ojos grises.
»-Muy bien -dijo-, pues va a saberlo todo acerca de ella.