Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Dio un paso atrás, cerró de golpe la puertecilla y dio vuelta a la llave en la cerradura. Me precipité hacia ella y forcejeé con la manija, pero era una puerta muy segura y no cedió en lo más mÃnimo, pese a mis patadas y empujones.
»-¡Oiga! -grité-. ¡Oiga, coronel! ¡Déjeme salir!