Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »La empujó a un lado y, precipitándose hacia la ventana, me atacó con su pesada arma. Yo habÃa atravesado la ventana y me sujetaba con ambas manos, colgando del alféizar, cuando descargó su golpe. Noté un dolor sordo, mis manos se distendieron y caà al jardÃn.
»Me sentà conmocionado pero no lesionado por la caÃda, de modo que me levanté y eché a correr con todas mis fuerzas a través de los matorrales, pues comprendÃa que todavÃa distaba mucho de poder considerarme fuera de peligro. Sin embargo, mientras corrÃa me invadió de pronto una violenta sensación de mareo, acompañada de náuseas. Miré mi mano, que experimentaba dolorosas pulsaciones, y vi entonces, por primera vez, que mi pulgar habÃa sido seccionado y que la sangre brotaba de mi herida. Me las arreglé para atar mi pañuelo a su alrededor, pero noté un repentino zumbido en mis oÃdos y un momento después yacÃa entre los rosales, vÃctima de un profundo desmayo.