Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Creo que yo podrÃa señalarlo -manifestó tranquilamente Holmes.
-¿De veras? -exclamó el inspector-. ¿De modo que ya se ha formado su opinión? Vamos a ver quien está de acuerdo con usted. Yo digo que está al sur, pues la campiña allà está más solitaria.
-Y yo digo al este -aventuró mi paciente.
-Yo me inclino por el oeste -observó el agente de paisano-. Hay allà unos cuantos pueblecillos muy tranquilos.
-Y yo por el norte -declaré-, porque allà no hay colinas y nuestro amigo asegura que no notó que el coche subiera ninguna cuesta.
-¡Vaya diversidad de opiniones! -exclamó el inspector, riéndose-. Entre todos hemos agotado las posibilidades del compás. ¿Y usted, a quien concede su voto decisorio?
-Todos ustedes están equivocados -afirmó Holmes.
-¡Es imposible que lo estemos todos!
-Ya lo creo que sÃ. Este es mi punto. -Puso el dedo en el centro del cÃrculo-. Aquà es donde los encontraremos.
-Pero ¿y el trayecto de doce millas? -dijo Hatherley estupefacto.