Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Seis de ida y seis de vuelta. Nada puede ser más simple. Antes ha dicho que, al subir usted al carruaje, observó que el caballo estaba tranquilo y tenÃa el pelo reluciente. ¿Cómo se explicarÃa esto, tras un recorrido de doce millas por caminos intransitables?
-Desde luego, es un truco que no deja de ser probable -observó Bradstreet pensativo-. De lo que no puede haber duda es acerca de la naturaleza de esta pandilla.
-Ni la menor duda -dijo Holmes-. Son falsificadores de moneda a gran escala que utilizan la máquina para prensar la aleación que sustituye la plata.
-SabÃamos desde hace tiempo que actuaba una banda bien organizada -explicó el inspector-. Han estado acuñando monedas de media corona a millares. Incluso les seguimos la pista hasta Reading, pero no nos fue posible llegar más lejos, pues habÃan disimulado sus huellas de una manera que indicaba su gran veteranÃa. Pero ahora, gracias a esta afortunada oportunidad, creo que los tenemos bien atrapados.
Pero el inspector se equivocaba, pues aquellos criminales no tenÃan como destino el de caer en manos de la policÃa. Al entrar el tren en la estación de Eyford, vimos una gigantesca columna de humo que ascendÃa por detrás de una pequeña arboleda cercana y se cernÃa sobre el paisaje como una inmensa pluma de avestruz.