Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¿Una casa incendiada? -preguntó Bradstreet, mientras el tren proseguía su camino.
-Sí, señor -contestó el jefe de estación.
-¿Cuándo se ha producido?
-He oído decir que ha sido durante la noche, pero ha ido en aumento y todo el lugar es una hoguera.
-¿De quién es la casa?
-Del doctor Beecher.
-Dígame -intervino el ingeniero-, ¿el doctor Beecher es alemán, un hombre muy delgado y con una nariz larga y ganchuda?
El jefe de estación se rió con ganas.
-No, señor. El doctor Beecher es inglés y no hay hombre en toda la parroquia que tenga mejor relleno bajo el chaleco. Pero vive en su casa un señor, un paciente según tengo entendido, que es extranjero y que da la impresión de que le convendría un buen bisté del Berkshire.
No había terminado su explicación el jefe de estación cuando ya nos dirigíamos todos, presurosos, hacia el fuego. La carretera ascendía a lo alto de una colina y apareció ante nosotros un gran edificio de paredes encaladas del que brotaban llamas por todas las ventanas y aberturas, mientras en el jardín anterior tres coches de bomberos trataban en vano de sofocar el incendio.