Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Y estoy descontento. Es este caso infernal de la boda de St. Simon. No le encuentro ni pies ni cabeza al asunto.
-¿De verdad? Me sorprende usted.
-¿Cuándo se ha visto un asunto tan lioso? Todas las pistas se me escurren entre los dedos. He estado todo el día trabajando en ello.
-Y parece que ha salido mojadísimo del empeño -dijo Holmes, tocándole la manga de la chaqueta marinera.
-Sí, es que he estado dragando el Serpentine.
-¿Y para qué, en nombre de todos los santos?
-En busca del cuerpo de lady St. Simon.
Sherlock Holmes se echó hacia atrás en su asiento y rompió en carcajadas.
-¿Y no se le ha ocurrido dragar la pila de la fuente de Trafalgar Square?
-¿Por qué? ¿Qué quiere decir?
-Pues que tiene usted tantas posibilidades de encontrar a la dama en un sitio como en otro.
Lestrade le dirigió a mi compañero una mirada de furia.
-Supongo que usted ya lo sabe todo -se burló.
-Bueno, acabo de enterarme de los hechos, pero ya he llegado a una conclusión.
-¡Ah, claro! Y no cree usted que el Serpentine intervenga para nada en el asunto.