Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¡Pero… ! -exclamó-. ¡Si lo está usted mirando por el otro lado!
-Al contrario, éste es el lado bueno.
-¿El lado bueno? ¡Está usted loco! ¡La nota escrita a lápiz está por aquÃ!
-Pero por aquà hay algo que parece un fragmento de una factura de hotel, que es lo que me interesa, y mucho.
-Eso no significa nada. Ya me habÃa fijado -dijo Lestrade-. «4 de octubre, habitación 8 chelines, desayuno 2 chelines y 6 peniques, cóctel l chelÃn, comida 2 chelines y 6 peniques, vaso de jerez 8 peniques.» Yo no veo nada ahÃ.
-Probablemente, no. Pero aun asÃ, es muy importante. También la nota es importante, o al menos lo son las iniciales, asà que le felicito de nuevo.
-Ya he perdido bastante tiempo -dijo Lestrade, poniéndose en pie-. Yo creo en el trabajo duro, y no en sentarme junto a la chimenea urdiendo bellas teorÃas. Buenos dÃas, señor Holmes, y ya veremos quién llega antes al fondo del asunto -recogió las prendas, las metió otra vez en la bolsa y se dirigió a la puerta.
-Le voy a dar una pequeña pista, Lestrade -dijo Holmes lentamente-. Voy a decirle la verdadera solución del asunto. Lady St. Simon es un mito. No existe ni existió nunca semejante persona.