Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Ayer por la mañana, me encontraba en mi despacho del banco cuando uno de los empleados me trajo una tarjeta. Di un respingo al leer el nombre, que era nada menos que… bueno, quizá sea mejor que no diga más, ni siquiera a usted… Baste con decir que se trata de un nombre conocido en todo el mundo… uno de los nombres más importantes, más nobles, más ilustres de Inglaterra. Me sentà abrumado por el honor e intenté decÃrselo cuando entró, pero él fue directamente al grano del negocio, con el aire de quien quiere despachar cuanto antes una tarea desagradable.
»—Señor Holder —dijo—, se me ha informado de que presta usted dinero.
»—La firma lo hace cuando la garantÃa es buena —respondà yo.
»—Me es absolutamente imprescindible —dijo él— disponer al momento de cincuenta mil libras. Por supuesto, podrÃa obtener una suma diez veces superior a esa insignificancia pidiendo prestado a mis amigos, pero prefiero llevarlo como una operación comercial y ocuparme del asunto personalmente. Como comprenderá usted, en mi posición no conviene contraer ciertas obligaciones.
»—¿Puedo preguntar durante cuánto tiempo necesitará usted esa suma? —pregunté.