Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Aquella noche, después de cenar, mientras tomábamos café en la sala de estar, les conté a Arthur y Mary lo sucedido y les hablé del precioso tesoro que tenÃamos en casa, omitiendo únicamente el nombre de mi cliente. Estoy seguro de que Lucy Parr, que nos habÃa servido el café, habÃa salido ya de la habitación; pero no puedo asegurar que la puerta estuviera cerrada. Mary y Arthur se mostraron muy interesados y quisieron ver la famosa corona, pero a mà me pareció mejor dejarla en paz.
»—¿Dónde la has guardado? —preguntó Arthur.
»—En mi escritorio.
»—Bueno, Dios quiera que no entren ladrones en casa esta noche —dijo.
»—Está cerrado con llave —indiqué.
—Bah, ese escritorio se abre con cualquier llave vieja. Cuando era pequeño, yo la abrÃa con la llave del armario del trastero.
ȃsa era su manera normal de hablar, asà que no presté mucha atención a lo que decÃa. Sin embargo, aquella noche me siguió a mi habitación con una expresión muy seria.
»—Escucha, papá —dijo con una mirada baja—. ¿Puedes dejarme doscientas libras?